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Liderar sin pedir permiso: Ser mujer en espacios técnicos desde la autenticidad

En la física médica y en la radioterapia, como en muchas disciplinas técnicas, los estilos de liderazgo que históricamente se han consolidado han sido formales, estructurados y altamente orientados al resultado. En estos entornos, la firmeza, la seguridad y la racionalidad han sido consideradas pilares fundamentales del ejercicio de la autoridad. Muchas de nosotras crecimos profesionalmente aprendiendo estas reglas, entendiendo que liderar implicaba asumir una postura clara, consistente y responsable.

En ese proceso, algunas mujeres sentimos la necesidad de adaptarnos: cuidar el tono, medir la emoción, fortalecer la argumentación técnica y demostrar solvencia de manera constante. No como una imposición directa, sino como parte del aprendizaje natural dentro de entornos exigentes, donde la credibilidad se construye con el tiempo y la experiencia.

Con los años, y a medida que asumimos roles de mayor responsabilidad, entendemos algo esencial: no llegamos a competir ni a replicar modelos existentes, sino a ampliarlos y enriquecerlos. La fortaleza del liderazgo no está en imitar, sino en aportar nuevas miradas. Se puede liderar con rigor técnico, excelencia clínica y toma de decisiones sólidas, integrando al mismo tiempo la empatía, la escucha activa y el cuidado por las personas.

Hoy, liderar siendo mujer no significa hacerlo mejor que otros, sino hacerlo de manera auténtica, colaborativa y consciente. La transformación real no depende del género, sino de la visión con la que se construyen los equipos, se gestionan los procesos y se proyecta el futuro.

Anécdota de Xiomara Cely Segura:
Mi camino en la física comenzó a los 19 años, cuando inicié mis estudios en Ingeniería Física. En esa etapa, el entorno académico estaba marcado por una mayor presencia masculina, algo que asumí con naturalidad y que no representó una barrera directa. Más adelante, durante la maestría y especialmente en las prácticas clínicas, el escenario cambió: predominaban las mujeres y se generó un ambiente de colaboración, acompañamiento y aprendizaje compartido que fue profundamente enriquecedor, tanto en lo académico como en lo personal.

El ingreso al mundo laboral representó un punto de inflexión. Mi primer trabajo como física médica implicó diseñar y materializar una instalación radiactiva desde cero. Más allá de los desafíos técnicos, el reto principal fue coordinar un equipo multidisciplinario con perfiles y trayectorias diversas. En ese proceso aprendí que el liderazgo se construye con constancia, claridad en los objetivos y capacidad de generar puentes entre distintas áreas del conocimiento.

Con el tiempo, me convertí en un enlace natural entre la física y la ingeniería. Ese espacio se fue consolidando no por imitar estilos ajenos, sino por aportar desde el conocimiento, la coherencia y la capacidad de diálogo. Posteriormente, asumir la jefatura del servicio implicó un nuevo crecimiento: liderar personas con mayor experiencia, aprender a tomar decisiones complejas y desarrollar herramientas de comunicación basadas en la empatía, la firmeza y el respeto.

Al inicio, el miedo estuvo presente, pero con los años se transformó en motivación. Motivación por lo que viene, por lo que se puede construir y por el impacto que tiene liderar desde lo genuino. Es un camino que continúo explorando cada día.

Anécdota – Lina María Loaiza Salazar
Desde muy joven, el liderazgo ha sido parte de mi historia. La oratoria en el colegio, los roles de representación y posteriormente la formación en el exterior marcaron mi camino profesional. Mi experiencia en España me enfrentó a estructuras organizativas más formales y a culturas distintas, pero también me permitió conocer referentes clave.

Durante mi residencia, tuve como tutora a una mujer con una visión clara y transformadora de lo que quería construir en la unidad de radioterapia, La Dra Patricia Diezhandino. Su capacidad de influir, organizar procesos y proyectar el crecimiento de la unidad fue determinante. A través de su ejemplo entendí que el liderazgo no siempre está ligado a un título, sino a la claridad del propósito y a la coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace.

Al regresar a Colombia, encontré un entorno profesional exigente, altamente especializado y con dinámicas muy consolidadas. Integrarme a ese contexto implicó compromiso, constancia y una fuerte convicción en el trabajo en equipo. Asumí el cargo en la unidad de radioterapia en el Oriente Antioqueño que estaba en proceso de apertura y crecimiento, y desde allí comenzamos a fortalecer procesos, estándares de calidad y resultados clínicos.

Tras más de una década de trabajo continuo, logramos que la institución se convirtiera en la segunda del país certificada como Unidad Funcional de Cáncer. Posteriormente, asumí la presidencia de la Asociación Colombiana de Radioterapia, con el objetivo de fortalecer la visibilidad de la radioterapia y su impacto clínico, académico y social.

El camino no ha sido sencillo, pero he aprendido que el liderazgo no requiere confrontación ni imposición. Se construye mostrando resultados, integrando equipos y generando confianza. Ser mujer, madre, profesional y líder no implica dividirse, sino integrar los distintos roles con madurez y propósito. Ese equilibrio es, para mí, uno de los mayores valores del liderazgo ejercido desde una mirada femenina.

Liderar como somos
Ser mujeres en espacios técnicos mantiene desafíos estructurales pero también oportunidades continuas. Algo cambia cuando dejamos de intentar encajar en moldes predefinidos y comenzamos a liderar desde nuestra identidad.

Nuestro liderazgo se basa en la confianza construida, en el conocimiento técnico y en el compromiso humano.

No se trata de imponer, sino de construir.

No se trata de competir, sino de colaborar.

No se trata de quién lidera, sino de cómo se lidera.

Cada mujer que ejerce el liderazgo desde lo auténtico contribuye a abrir caminos. Caminos donde el foco deja de estar en el género y se centra en la capacidad de generar impacto, cohesión y transformación dentro de los equipos de trabajo.

Porque no llegamos solo a ocupar espacios: llegamos a fortalecerlos y mejorarlos.

Xiomara Cely Segura, fisica medica, aprendiz Programa de Mentoría “Juntas avanzamos en el sector Nuclear 2025”
Dra. Lina María Loaiza, oncología radioterápica, mentora Programa de Mentoría “Juntas avanzamos en el sector Nuclear 2025”

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